Perder los nervios nunca es bueno, pero en el caso de la educación con niños es aún peor. Educar a los niños sin perder los nervios es una buena actitud. Debemos controlarnos y no dejar que el día a día mine nuestra paciencia.

La forma que empleemos a la hora de relacionarnos con los niños es lo que va a marcar su personalidad. Hay que entender que somos los modelos de nuestros hijos y si usamos descalificaciones, improperios o formas de hablar que no son apropiadas los más pequeños van a intentar imitarnos ya que consideran que eso es lo «normal».

No es raro que los padres imiten los modelos que se emplearon con ellos en su infancia a pesar de que saben que no son las mejores formas. Se deben evitar estas conductas inapropiadas que van a reproducir los errores.

ENTENDER LA SITUACIÓN

En el día a día es complicado estar siempre al cien por cien en cuanto a tolerancia, comprensión y paciencia y por eso en muchas ocasiones son los más débiles los que suelen «pagar los platos rotos».

Cuando se está con los niños es cuando la jornada laboral ya ha terminado por lo que la paciencia ya ha llegado al límite, el cansancio ha hecho acto de presencia y necesitamos desconectar. Y sin embargo los niños mantienen, por norma general, toda su energía. Es ahí donde debemos desmostrar que somos adultos y entender que nuestra forma de relacionarnos con ellos les va a marcar.

Si les educamos danod confianza no tendrán problemas de autoestima, si les educamos con conocimiento serán responsables pero, si por el contrario, nos dejamos llevar por los nervios empezarán a aparacer descalificaciones, tonos de voz inapropiados y por tanto conductas negativas. Somos respondables de su educación y ese es el papel que debemos asumir.

Entre los consejos que podemos dar antes de perder los nervios siempre recomendaremos que pensemos las cosas antes de actuar, que las relativicemos, que seamos capaces de ponernos en su lugar y sobre todo que recapacitemos que somos el espejo en el que se van a mirar.